lunes, 7 de noviembre de 2011

Para muestra un botón

Me entero de que Giorgios Papandreou acaba de renunciar. En estos momentos se prepara un gobierno de coalición en Grecia, mientras se anuncia que las elecciones podrían ser para el próximo 19 de febrero. En los noticieros se dice que Lucas Papadimos, ex secretario de la Banca Central Europea (BCE), será el jefe del gobierno transitorio.

Hace unos días, el ahora expresidente griego originó una estrepitosa caída de las Bolsas europeas tras anunciar que sometería a referendum el "rescate" financiero del país. Luego de las humillantes declaraciones de Sarkozy y Merkel, y un encuentro a puerta cerrada con los responsables de la economía griega, Papandreou canceló la consulta y aceptó negociar (como si el verbo tuviera algún sentido en el contexto helénico), la entrega de 130 mil millones de euros para saciar a los especuladores, a cambio de sacrificar lo que queda de la propiedad estatal, el sistema de pensiones y la seguridad social.

En medio del desastre económico se han agudizado los enfrentamientos entre la policía y un pueblo griego que, más allá de la indignación, ostenta un legitimo y peligrosamente flamable encabronamiento por el saqueo del presente y la anulación desvergonzada de su futuro. ¿Y qué hay de la tan pregonada democracia occidental? Independientemente de que el frustrado referendum haya sido una fachada (o un chantaje, como dijeron algunos), llama la atención que esta tímida  voluntad de considerar mínimamente a la población provocara la catástrofe y el pánico en las bolsas europeas (que cerraron con una caída de entre cuatro y seis punto). 

Las reacciones de los mercados ante el anuncio del referendum, la renuncia de Papandreou y su posible sustitución por un ex secretario de la BCE, prueban el fracaso de la democracia formal. O al menos reiteran lo que con tanta simplicidad afirmaba José Saramago con respecto a la imposibilidad de la democracia en el contexto del neoliberalismo. Sin embargo,  hay una novedad dentro de esta vieja pero (anteriormente funcional) incompatibilidad: las clases políticas comienzan a ser obsoletas frente a la imposición de las verdades necesidades del capital. 

Efectivamente, si luego de la imposición del neoliberalismo a nivel mundial, las clases políticas se convirtieron en representantes de los intereses del mercado frente a la población, en un contexto de crisis (donde la fachada de la democracia no puede sostenerse de manera eficaz ante lo evidentemente adverso de las decisiones que se pretenden imponer), el mercado busca  representarse a sí mismo como gobierno. El origen del futuro premier griego, Lucas Papadimos, es tremendamente significativo en ese sentido.

Los inversionistas perdieron millones de euros apostando en la bolsa, los quieren recuperar socializando los costos del desastre. Esto no es la mano invisible del mercado, son decisiones humanas basadas en la codicia de unos cuantos. En la decisión de presionar a las economías europeas se encuentra esa nueva y borrosa aristocracia mundial de inversionistas y ejecutivos de grandes empresas trasnacionales, lo mismo que las principales agencias de consultoría financiera y calificación de riesgos (Standar and Poor's, Moody's o Fitch Group). Sin embargo, las manifestaciones de su poder aparecen cada vez menos vinculadas a justificaciones públicas que anteriormente lograban convencer a buena parte de la ciudadanía. Y es que a pesar de lo mediatizada que esté, la gente no aceptará gustosa la inmolación colectiva que nos exige el mercado.

Quizá esta nueva ola de protestas mundiales sea una prueba de que algo comienza a cambiar.