martes, 19 de abril de 2011

Restiamo Umani

" Aquí, el 16 de octubre de 1946, tuvo inicio la despiadada caza de los judíos y dos mil noventa y un ciudadanos fueron llevados a una muerte feroz en los campos de exterminio nazi, donde fueron alcanzados por otros seis mil italianos víctimas del infame odio de raza"

Una placa más, esta vez en el barrio judío del centro de Roma, que recuerda a las víctimas del Holocausto. La guía, que en realidad nos mostraba el Teatro de Marcelo, hizo una pausa para explicar que de toda la gente que fue deportada en esta zona, sólo doce lograron regresar con vida...

Ese mismo día, mientras regresábamos a casa, nos enteramos que Vittorio Arrigoni, de 36 años, había sido secuestrado en la Franja de Gaza por un supuesto grupo extremista. Lo acusaban de promover vícios occidentales y exigían la liberación de algunos presos a cambio de la vida del compañero... pocas horas después fue asesinado.

A continuación compartimos un fragmento del artículo de Gorka Larrabeita, publicado en Rebelión:

Arrigoni, militante de izquierda, arribó a Gaza como representante del International Solidarity Movement en una embarcación del Gaza Freedom Movement, que dos años después desembocaría en la Flotilla de la Libertad. Lo detuvieron en noviembre de 2008 soldados del Estado israelí en aguas palestinas, lo encerraron durante seis días y luego lo expulsaron a Italia desde el aeropuerto de Tel Aviv. Todo por haberse manifestado junto a los pescadores palestinos contra el bloqueo que estrangula la Franja y sume en la miseria a cientos de familias. El 25 de diciembre de 2008 regresó a Gaza y escribió: "Orgulloso de mi pasado, despreocupado por mi presente. Porque este es el momento de esmerarse, antes que de adueñarse de un futuro fácil, retorcido cómodamente, por esas víctimas inocentes a cuyos gritos de dolor no hemos concedido atención durante un momento". Lo escribió el día de Navidad de 2008 "desde las tinieblas del asedio".

Y llegó la Operación Plomo Fundido, y Vittorio Arrigoni fue, con Alberto Arce, uno de los únicos periodistas que se quedó en Gaza. Sus crónicas para Il Manifesto fueron una ventana que asomaba al horror del linchamiento que sufría el pueblo palestino. Esos textos fueron recogidos en un libro importante que publicó Il Manifesto.

Terminada la matanza de Gaza, Vittorio se quedó en Gaza. Fue el único periodista occidental que lo hizo. Vittorio llevaba un blog. Las últimas entradas daban cuenta de las siguientes noticias: la muerte de cuatro trabajadores por el derrumbamiento de uno de los túneles excavados por los palestinos en la frontera de Rafah; las declaraciones de Berlusconi comprometiéndose a impedir la partida de la Flotilla de la Libertad para Gaza; el ingreso en el hospital de Mubarak y el pogromo de la aldea palestina de Awarta, asediada durante 31 días tras la matanza de cinco colonos en el asentamiento ilegal de Itamar.

En Rebelión tradujimos unos cuantos textos suyos. En medio del infierno de Gaza, sus crónicas terminaban con una frase preciosa -"Restiamo umani"-, que dio título a su libro, y que resulta difícil de traducir. Podía ser "sigamos siendo humanos"; "mantengamos la humanidad"; "seamos humanos". Ninguna de las soluciones convencía, pues siempre se escapaba algo de esa frase italiana, que encerraba herméticamente en dos palabras un salvavidas contra la injusticia, el dolor y el horror que sufría y sigue sufriendo Gaza y Palestina. Restiamo umani. Adiós, Arrigoni. Viva la Flotilla de la Libertad... (fin de la cita)

En medio de la estridencia mediática característica de este país, prominentes miembros de la clase política italiana se han manifestado frente al asesinato de Vittorio, siempre con extremo cuidado de no hablar de lo que este activista hacía en Palestina. Mientras tanto, reporteros y comentaristas de todo tipo, se tomaron la libertad de usar el caso del compañero como una especie de terrible ejemplo de lo-que-puede-pasar-si-eres-solidario. Curiosamente el efecto ha sido completamente diverso, pues desde distintos espacios se están promoviendo eventos para recordar al compañero y, sobre todo, para retomar la bandera de la liberación del pueblo palestino.