lunes, 4 de febrero de 2013
martes, 26 de junio de 2012
En México se mata a migrantes y se amenaza a quienes los defienden: Alejandro Solalinde
Roma, Italia.
Miembros de las Brigadas Internacionales de Paz (PBI), Amnistía
International y voluntarios del centro social La citta dell’utopia,
organizaron el encuentro público ¡Sin fronteras! Migración, derechos y
represión en México, con el sacerdote y defensor de derechos humanos,
Alejandro Solalinde, para hablar sobre la violencia que padecen los
migrantes centroamericanos que cruzan por territorio mexicano en su
camino hacia los Estados Unidos.
Solalinde
estuvo en Italia con la idea de hablar con funcionarios del Vaticano
sobre las recientes amenazas de muerte que ha recibido por su labor al
frente del albergue Hermanos en el Camino, en Ixtepec, Oaxaca.
En
la siguiente entrevista concedida a Desinformémonos, el padre Alejandro
Solalinde habla de su percepción sobre los riesgos que entraña el
trabajo de defensor de los derechos de los migrantes y, en particular,
sobre sus impresiones acerca de las seis amenazas que ha sufrido desde
mayo.
La
situación de los defensores y defensoras de los migrantes se ha vuelto
muy peligrosa en México, al igual que el trabajo de los periodistas que
hablan sobre los altos niveles de corrupción relacionados al tráfico de
personas, como los que han sido asesinados en Veracruz. Esto nos dice el
alto grado de riesgo que implica la defensa de los migrantes. La
ambición crece porque estás defendiendo la mercancía de los poderosos, y nosotros estamos resueltos a defender a las personas, entonces, obviamente hay una confrontación.
Durante
su encuentro con el público italiano, Solalinde denunció la reducción
del migrante a mercancía por parte de políticos, narcotraficantes y
policías, señalando las diversas formas de extorsión y violencia que
supone la trata de personas. A continuación el sacerdote detalla el caso
de Oaxaca.
Oaxaca
es un estado maravilloso con gente muy linda, pero ha sido corrompido
durante muchos años por el Partido Revolucionario Institucional (PRI).
Este partido se ha mantenido en la región a través del cacicazgo, no hay
democracia. Los caciques, a la hora de elecciones, exigen a la gente
que entregue sus credenciales de elector, de manera que estos personajes
manejan carteras enteras de electores que al final terminan
favoreciendo a los candidatos priistas.
Yo
mismo, sin siquiera proponérmelo, desenmascaré a un cacique del ex
gobernador Ulises Ruíz, un proveedor de votos como tantos, que también
es surtidor y negociante de otras cosas, porque ahí en esa zona hay
droga.
¿La zona de Ixtepec?
No,
es la zona del Bajo Mixe, ahí donde está el pueblo de Nuevo Santiago
Tuxtla, es propiamente donde termina la sierra oaxaqueña y comienza
Veracruz. Es una zona altamente estratégica por tratarse de la puerta
del Golfo, y ahí están los Zetas.
También han habido muchos secuestros de migrantes. Además, en esta zona
se siembra una gran cantidad de estupefacientes. Incluso se sospecha
que podrían existir laboratorios, dada la alta concentración de amapola y
marihuana.
Curiosamente
es una zona muy cuidada y defendida por Ulises Ruíz. Ahí el ex
gobernador tiene un rancho, y tiene a su compadre –al que ha defendido a
capa y espada. Pero ese compadre ahorita está señalado ante la justicia
por sus actividades, yo mismo le puse una denuncia, pero además de la
mía hay doce más de gente desplazada de sus tierras por este señor,
gente que antes no se animaba a denunciar, pero ahora sí. Y nosotros
hemos estado presionando a las autoridades, especialmente a la
Procuraduría de Justicia, para que se trabaje, porque si no hay presión
no hacen nada. Por esa razón Ulises Ruíz me odia a muerte, porque yo
nunca le he permitido que nos quiten el albergue, y entonces él no puede
hacer sus negocios tranquilamente. El albergue le estorba. ¿Me explico?
¿O sea quela defensa de los migrantes que ustedes llevan a cabo les altera el negocio, por así decirlo?
Si,
absolutamente, es un negocio el tráfico de migrantes y la presencia de
un albergue de esta naturaleza es un obstáculo. Las amenazas de muerte
las comencé a recibir desde abril y mayo.
¿Las amenazas coincidieron con el proceso legal que ustedes llevan adelante en contra del compadre del ex gobernador?
Claro,
nosotros logramos concentrar en el albergue a los desplazados mixes e
hicimos el centro jurídico para que llegaran los ministerios públicos y
los procuradores a recibir las denuncias de los mixes. Y eso debe
haberle dolido mucho a Ulises, porque le toqué a su encargado, a su
incondicional. Ulises armó a este señor, le dio armas de alto poder, de
manera que prácticamente tiene un grupo paramilitar en la zona. Este
cacique, por otro lado, ha puesto columnas de cemento con cadenas, y es
el único que puede decir quién pasa y quién no, no olvidemos que a
través de esta zona se conecta la capital de Oaxaca con el estado de
Veracruz, es un lugar estratégico.
A
las personas que entran, las amenaza. A mí de hecho me detuvieron junto
con mis escoltas, los desarmaron y uno de ellos fue golpeado. A mí me
encañonaron con un arma larga, y esta persona ordenó que fuéramos
llevados a la cárcel. Nos quitaron los celulares. Se contravinieron
todas las medidas cautelares a la hora de nuestra detención. Y quién
sabe si hubiéramos salido con vida de ese lugar, de no haber sido por la
intervención de la madre de uno de mis escoltas, seguramente nos
hubieran matado como lo han hecho ya con mucha gente.
Alejandro
Solalinde se refiere al ataque que sufrió en el pueblo de Nuevo
Santiago Tuxtla, el 30 de diciembre de 2011. El cacique local lo
encarceló a él y a sus escoltas durante cinco horas en la prisión
municipal; Solalinde visitaba a la familia de un migrante que vive ahí.
El religioso y sus escoltas lograron escapar tras la intervención de
policías armados enviados por el gobernador de Oaxaca, Gabino Cué, luego
de que la madre de uno de los escoltas se comunicara con el procurador
del estado. Se cree que las amenazas de muerte están relacionadas con
este incidente, pues el ejército comenzó a “peinar” la zona, encontrando
varios sembradíos de droga, tal como afirmó Solalinde.
¿Cuál ha sido la respuesta de la gente a toda esta situación? ¿Ustedes han llevado a cabo labor de concientización?
Hemos
tratado de hacerla, pero con pocos resultados. La repuesta de la
comunidad católica ha sido muy triste, como en Ixtepec. La respuesta de
las comunidades cristianas y evangélicas ha sido también de
indiferencia, y sólo un pastor ha respondido. Los párrocos de la iglesia
católica tampoco han respondido, ni siquiera han ido al albergue. No
les interesan los migrantes y piensan que yo hago todo esto por
protagonismo. El problema real no les importa, por eso nos hemos sentido
solos. Cuando se juntaron las amenazas de muerte y vieron que el
peligro venía de políticos mexicanos -sobre todo de Oaxaca-, entonces
Amnistía Internacional y las Brigadas Internacionales de Paz me pidieron
que saliera dos meses de Oaxaca.
¿Cuál fue la respuesta del Vaticano?
Tuve
dos contactos con el Vaticano. Uno mediante PBI, ellos solicitaron el
encuentro. Lo hicieron pensando que sería interesante plantear la
situación de los migrantes, igual que la de las defensoras y los
defensores. La cita la teníamos el lunes 4 de junio, era una reunión con
el doctor Guzmán Carriquiry Lecour, secretario general de la Pontificia
Comisión para América Latina. Llegué puntualmente pero no fui recibido.
Ls
secretaria me dijo que el señor Carriquiry no podía recibirme porque
estaba con alguien más importante, un obispo, según me dijo. Ella
esperaba que yo entendiera la situación porque estábamos en el Vaticano,
pero yo insistí. Entonces me mandaron a un sacerdote muy joven que no
estaba enterado en absoluto de la cuestión que yo venía a tratar, y al
que tuve que explicarle por qué era inútil plantearle la situación a él.
La
“reunión” con el Vaticano no rindió frutos. Al margen de la negativa,
el padre Solalinde habló de lo mucho que le impresionó el lujo de la
capital de la iglesia católica. Estaba impresionado por la fastuosidad
de las columnas de mármol y los amplios salones con sus ingresos
custodiados por la guardia suiza. Al final de la entrevista, habló sobre
su regreso a México.
¿Con qué garantías regresa?
Con
ninguna, con la garantía de nada. Pero no voy a regresar al albergue
sino hasta el 3 de julio, porque prometí estar dos meses fuera para que
se enfriara el asunto. El equipo del albergue me dice que “si tú estás
el ambiente se calienta, es mejor que estés un tiempo fuera para que se
enfríe”.
¿Y el albergue sigue funcionando?
Sí.
Gracias a dios tengo un excelente equipo. Pero además, estas tres
semanas que faltan estaré haciendo ejercicios espirituales y, más que
nada, escribiendo, pues no he tenido tiempo de hacerlo. Tengo muchas
cosas que asimilar, muchas cosas que ordenar; voy a aprovechar que
estaré en silencio y desconectado de la prensa y de los celulares. Pero
yo le prometí a mi equipo una cosa: voy a hacer todo esto, lo voy a
cumplir, pero si yo sé que hay algún problema o pasa algo grave en el
albergue, entonces rompo mi palabra y voy para allá. Yo puse esa
condición, y en eso quedamos.
Hasta
ahorita el equipo está trabajando muy bien, son hombres y mujeres muy
entregados. Ellos no están pidiendo nada, son voluntarios muy valerosos y
muy jóvenes que quieren mucho a la gente.
Entrevista publicada en Desinformémonos: http://desinformemonos.org
URL: http://desinformemonos.org/2012/06/en-mexico-se-mata-a-migrantes-y-se-amenaza-a-quienes-los-defienden-alejandro-solalinde/
lunes, 12 de marzo de 2012
Pensamiento migrante: de semántica y otros cuentos
Por Miguel Ledesma
“Mientras sean desaparecidos no puede
haber ningún
tratamiento especial, es una incógnita,
es un desaparecido,
no tiene entidad, no está
vivo ni muerto, está desaparecido.”
General Jorge
R. Videla
Muchas son las sorpresas que se encuentran viviendo en un
contexto lingüistico distinto al propio.
Basta con mencionar la gimnasia del “esto se llama así – “esto se pide así ”, o la recreación anticipada de las descripciones
(con todo y gestos) que le haremos a la empleada para que nos guíe hacia un producto cuyo nombre, obviamente, desconocemos.
Es una cuestión de práctica, como en todo, que al final te va permitiendo habitar
el idioma que te hospeda con cierta comodidad.
Más complicado resulta el
terreno de la socialización. No sólo porque tu carencia de historia/contexto termina dejándote inevitablemente fuera de la mayoría de las conversaciones, sino también porque crearte una cotidianidad significa atravesar una
tupida selva de lugares comunes alrededor de tu nacionalidad (o lo que sea que
eso signifique). Entonces, sin mayores inconvenientes, comienzas a hablar del
fin del mundo que “predijeron” los mayas; de las playas de Cancún y –¿por qué no? –, del lago Titicaca y los
migrantes italianos en Argentina -que no tienen mucho que ver con México, pero a veces uno termina divagando sobre esas y otras
cosas…
Como hispanohablante, por otro lado, no puedo no notar los
préstamos que le hace mi idioma
al italiano: goleador, mundial, murales, tacos, chiringuito, corrida, poncho, tequila,
palabras que hacen referencia al deporte, al arte, la comida y la fiesta. Pero
están también aquellas otras de origen e implicaciones más oscuras, como golpe
(de Estado) y golpista (normalmente
un general hijo de puta)… y desaparecidos.
Por supuesto que en el italiano, como en todos los idiomas
que se hablan en este maltrecho planeta, existen muchas palabras extranjeras de
uso común en el lenguaje de todos los
días. Sin embargo es muy significativo
que ciertos sucesos en la historia reciente de América
Latina hayan quedado registrados como verdaderos préstamos semánticos en un idioma que se
habla solamente en Europa.
Se dice que la presencia de dichos préstamos sugiere el empobrecimiento de una lengua, porque a
pesar de que la misma palabra existe en los dos idiomas, en el imitado tiene un
significado o una connotación que en el otro no existe.
Aquí yo me inclino a pensar que la
riqueza es relativa, porque si en Italia se han adoptado este tipo de palabras,
es porque este país no ha tenido que padecer los
horrores que sí se han experimentado en
Latinoamérica.
Efectivamente, durante la década
de los setenta y buena parte de los ochenta, Chile, Argentina, Uruguay,
Paraguay y Brasil sumaron poco más de 50 mil asesinatos, 37 mil
desapariciones, 400 mil presos políticos y poco más de cuatro millones de personas que se vieron obligadas al
exilio. Podríamos decir entonces que aquí se encuentra el certificado de suficiencia para que golpe, golpista y desaparecidos
hayan ingresado oficialmente al vocabulario italiano sin mayores problemas…
Lo curioso es que muchos gobiernos luchan todavía para que nadie nos quite ese bizarro privilegio. Y es que
si durante la década de los ochenta la “guerra contra el marxismo”
(Washington dixit) se intensificó en Colombia (donde todavía
continúa) y Centro América, en el presente, luego de varios años de una dudosa paz, es México
quien está a la vanguardia en términos de violencia, gracias a una supuesta guerra contra el
narcotráfico, declarada hace cinco años por el presidente Felipe Calderón.
Se trata de una guerra que hasta el día de hoy ha cobrado la vida de 60 mil personas y la
desaparición de poco más de 10 mil. Fresca en su desarrollo, parece inaprehensible
para quienes buscamos entenderla, lo mismo que deliberadamente ocultada para
quienes viven más allá de nuestras fronteras. Hace un par de meses, estando todavía en México, me decía un profesor de mi universidad (exiliado argentino, por
cierto) que la única manera que existe para
hacerse una idea de lo que está sucediendo es leer el día
a día de esta guerra. Sea o no de
una estrategia correcta, me parece sintomático que la mayoría de los libros que se ocupan del tema estén hechos precisamente por periodistas.
La versión oficial busca convencer a la
gente de que se trata de una lucha “del bien contra el mal”: la guerra justa de un gobierno decidido a acabar con el
crímen organizado. Hay quenes
piensan que se trata más bien de una confrontación entre el cártel representado por el
propio gobierno y el resto de la criminalidad organizada, cuyo origen se
encontraría en el control del mayor
mercado de drogas a nivel mundial, los Estados Unidos. Hay, por otro lado,
quienes tienen una visión más global del asunto y que, sin excluir la variable de la
economía criminal, señalan la presencia de una estrategia más amplia de origen estadounidense, complicidad mexicana e
implicaciones geopolíticas.
Me inclino por la tercera opción, que contiene a la segunda y denuncia la falsedad de la
primera. Hablar de ella a detalle escapa a los límites
del presente artículo. Me limito a señalar algunas cuestiones:
En primer lugar, es evidente la participación de los Estados Unidos en la guerra, a través del así llamado Plan Mérida, que incluye el
financiamiento, la asesoría y entrenamiento de los
cuerpos de seguridad mexicanos en el combate a la delincuencia. En segundo
lugar la estrategia del gobierno de Calderón se ha centrado en atacar la
producción, el traslado y el consumo de
drogas, mientras deja intactas las estructuras financieras del narcotráfico. Por último, no deja de llamar la
atención que en el contexto de esta
guerra se han incrementado exponencialmente los ataques a organizaciones
sociales y de derechos humanos, lo mismo que al movimiento indígena.
Estados Unidos no sólo es el mayor consumidor de
drogas a nivel mundial, también es uno de los principales
vendedores de armamento. Los narcotraficantes mexicanos necesitan colocar sus
productos en ese enorme mercado, pero también
incrementar cada vez más su poder de fuego mediante
la compra de armas. Esta interdependencia, vista en el más amplio marco de las relaciones bilaterales México-Estados Unidos, resulta ser más que reveladora cuando se tiene claro que la criminal no
es una instancia aparte de la economía, sino una de sus
componentes.
La violencia, por su parte, deja entrever otra dimensión de la complicidad en el testimonio de los sobrevivientes
o en los familiares de las víctimas. Desde siempre el
gobierno habló de muertes, detenciones y
desapariciones como producto del debilitamiento de los cárteles que, dice, pelean salvajemente por mantener o
conquistar mercados y territorios. Entonces los medios masivos de intoxicación no tenían ningún escrúpulo en calificar a cualquier
muerto de “criminal”… o al menos así era hasta que la gente que ha
sufrido los estragos de esta guerra empezó a reconocerse como parte de
un drama colectivo y no como casos aislados, producto de la mala actuación de algunos elementos del Ejército.
Agrupados en el Movimiento por la Paz con Justicia y
Dignidad, familiares de las víctimas y colectivos opositores
a la guerra se han encontrado por todo el país.
En las plazas públicas, en los parque y en los
mercados populares, la gente se reune a hablar de sus experiencias y
organizarse para exigir justicia. En medio de estos encuentros, el caso de los
desaparecidos es uno de los más desgarradores. Como en una
postal de la Argentina en los años 70, aparecen mujeres y
hombres de todas las edades que buscan al marido o a la esposa; al hijo, al
sobrino o al tío… el grado de parentezco no es una limitante cuando de
desapariciones se trata.
Son numerosos los relatos de personas que buscan a sus
familiares sin la ayuda de las autoridades. Cuando se trata denunciar la desaparición de una jovencita, por ejemplo, es casi una tradición que los ministerios públicos
les respondan que “se ha de haber ido con el
novio”. Otro clásico es el,“¿por qué deja salir a su hija con minifalda, señora?”, que preguntan los policías en Ciudad Juárez, Chihuahua, una zona que
se ha vuelto internacionalmente conocida por la impunidad que rodea el
asesinato de mujeres, todas jóvenes, todas obreras.
“Si se llevaron a su hijo es
porque algo habrá hecho, señor”, dicen los policías cuando el Ejército se detiene a alguna
persona de la que nadie vuelve a saber nada. “Lo
mataron porque seguramente andaba metido en algo”,
repite la gente con miedo, que cree que ignorar la realidad es el mejor modo
para salvarse de ella. A veces, cuando es evidente que una persona fue
asesinada por la policía o los militares, se dice que
fue a causa de un “fuego cruzado”. En todos los casos el gobierno les llama “bajas colaterales”, disfrazando de excepción lo que todo el mundo sabe que es la regla.
Y es que la batalla se está
dando también en el terreno de los
significados y las percepciones. Ahí donde la gente denuncia desapariciones, los medios de comunicación han optado por la palabra levantón (que hace referencia al hecho
de ser levantado –trad. explicación al italiano). Donde las organizaciones de derechos
humanos denuncian ejecuciones
extrajudiciales, los medios y el gobierno dicen narcoejecuciones. En ambos
casos se trata de culpar al crímen organizado y a las víctimas, a pesar de que se sepa que los implicados son policías o militares.
Otro término que se está poniendo de moda es el de los falsos positivos. A muchos les costará
creerlo, pero es cierto. Los militares reciben compensaciones por cada “criminal” que asesinan o encarcelan. Un
premio más –no oficial, por supuesto- es el botín de guerra, que se reparte según la jerarquía de los soldados. Los falsos positivos son aquellas personas
inocentes que son asesinadas o secuestradas por el Ejército, y que casi siempre aparecen en la prensa como “narcotraficantes abatidos por las fuerzas del orden”. A las víctimas se les viste con
uniformes militares y se les colocan armas; muchas veces los cuerpos aparecen a
kilómetros del lugar donde fueron
secuestrados. Se trata de una práctica que fue muy común en Argentina y que lo es todavía en Colombia.
Por su parte la prensa sigue creando palabras para nombrar
lo que sucede con el afán de generar miedo y pasividad.
Entre las más comunes están aquellas que ostentan como prefijo la palabra narco: narcoejecución, narcofosa, narcopoder, narcogobierno, narcoestado. Y otras tantas que se refieren directamente a los
asesinatos, como empozolado (cadáveres disueltos en ácido), encajuelado (cadáver en la cajuela de un auto),
encintado (asfixiado con cinta
adhesiva), encobijado (cadáver envuelto en una manta)…
y así por el estilo.
En todo caso me pregunto cuánto
de todo este narcoslang terminará en lenguas extranjeras…
Muchas son las sorpresas que se encuentran viviendo en un
contexto lingüistico distinto al propio, es
verdad. Aún no puedo evitar sentir
escalosfríos cuando alguien aquí dice desaparecido.
Mi esperanza es que en su persistencia, el significado y las implicaciones de
esta palabra, de este préstamo semántico, abran las puertas hacia el otro y lo otro. Que sea
la solidaridad, esa “ternura de los pueblos” (como la llamaría cierto argentino que se hizo
cubano y luego murió en Bolivia), y no la
indiferencia, la que termine por definir esta guerra.
Curiosamente hasta para las palabras existen controles
migratorios, de hecho hay analistas que definen a los préstamos semánticos como inmigrantes mentales, que pertenecen un
grupo más amplio, llamado inmigración
léxica… palabrejas sin permesso di soggiorno, por supuesto, que
entrañan pequeñas bombas de otras realidades.
_________________________________________
Advertencia: El presente artículo aparecerá publicado en la revista Laspro, Marzo-Abril. El texto, traducido al italiano, está dirigido a un público idem,
que desconoce enormemente la situación que se vive en México... Otra
advertencia para algún mexicano que se asome a estas letras es que la
revista en cuestión es "literaria", y que al autor le pidieron hacer un
esfuerzo de acrobacia argumentativa para que el texto se ajustara a
la mencionada perversión.
martes, 31 de enero de 2012
Monti business
Roma, 31 de enero de 2010. Serán ya tres semanas que estoy de nuevo
en Italia. Cuando me fui, Berlusconi tenía tiempo de haber renunciado y Mario
Monti se estaba consolidando como el nuevo "preciso" sin demasiadas
ceremonias. Antes de irme, las llamas de la crisis incendiaban el imaginario de
los italianos, creando una especie de apocalipsis psicológico que ardía apenas
se insinuaba el futuro (o sea a cada cierre de la bolsa de valores). No es que
sostenga -como en su momento lo hicieron Felipe Caderón y sus compinches- que
la crisis mundial sea una cuestión de percepción, de psicosis colectiva;
pero ahora que me encuentro de regreso, a pesar de que el incendio (de la
economía real) continua, pareciera que la calma se ha instalado por fin en este
país.
Y es que si uno ve solamente la
televisión, efectivamente da la impresión de que la crisis y sus peligros
siguen ahí; sin embargo, la presencia del “profesor” (como suelen llamar por
acá a Monti) y su gobierno –a diferencia del desparpajo y la disipación berlusconianas-
ha terminado por imponer una ilusión de seriedad,
de “manos a la obra”. Y entonces los largos servicios televisivos ocupándose de
un nuevo primer ministro que se pasea triunfante y propositivo entre los
líderes del mundo, y que restituye la dignidad nacional (sic) a los italianos, haciendo burlas y chistoretes elegantes a Ángela
Mekel y Nicolás Sarkozy, los otrora tiranos y verdugos de la península.
En el frente interior, los
técnicos han echado a andar sin demasiadas críticas el carro armado neoliberal.
La famosa fórmula LPD (Liberalización, Privatización, Desregulación) se discute
ya en las cámaras, en medio de la apabullante ignorancia histórica de la
izquierda electoral, que apenas atina a objetar cuestiones de forma y no de fondo,
buscando que el mercado, en vez de devorar cruelmente a sus víctimas, coma con
la boca cerrada y use tenedor y cuchillo.
Mientras tanto, el trabajo de
intoxicación mediática continua implacable.
Hace un par de días, por ejemplo,
uno de los noticieros de
la televisión estatal presentó un amplio reportaje sobre la manera en que los
empresarios del norte de Italia (principal motor de la industria en este país),
están viviendo la crisis. Durante media hora desfilaron frente a las cámaras
los propietarios de toda clase de empresas, lamentándose de la incertidumbre
económica y de las medidas “dolorosas” que han tenido que llevar a cabo para
seguir produciendo. Hablaron de despidos de obreros que “eran como de la
familia”; de la reducción de los salarios para mantener los puestos de trabajo
restantes, y de su preocupación por el aumento de los impuestos y la invasión
de los productos chinos.
En este escenario, urdir la trama de una
realidad a modo, capaz de generar pasividad
y consenso entre la opinión pública, requiere necesariamente de la construcción
de un enemigo interno en todos aquellos que se oponen a las medidas anunciadas
por el gobierno, o que simplemente protestan porque se resisten a morir de
hambre. Esta ha sido la suerte de los transportistas que días atrás pararon la
distribución de productos en todo el país, en demanda de mejores condiciones de
trabajo (subsidios a los combustibles, exención del peaje, protección contra la
asimétrica competencia de sus colegas de otros países, etc.).
Ante la fuerza y visibilidad que alcanzó esta
protesta, los medios de comunicación no dudaron en vincular a los insurrectos a
la mafia siciliana y a la camorra
napolitana. Desgraciadamente no fue poca la gente que hizo suya esta
descalificación, y en los escasos foros en los que se le dio la palabra a los
transportistas, su tiempo se consumía irremediablemente en la refutación de
estas vinculaciones, mientras los reporteros abundaban sobre la indignación
popular frente al desabasto de alimentos.
Menos exitosa, en términos de visibilidad,
fue la jornada de protestas del pasado 27 de enero. Organizaciones sociales,
sindicatos, estudiantes y gente sin más, se dieron cita en las principales
plazas del país para protestar por las medidas que se pretenden imponer en
nombre de la liberalización de la economía. Entre los más afectados están los
trabajadores de las Ferrovías del Estado, sobre quienes pende la amenaza del
despido ante la inminente privatización que promueve el gobierno de Mario Monti.
Sin embargo en los medios no sólo no se le dio cobertura a las movilizaciones,
sino que se programaron amplios reportajes -con todo y sus “paneles de expertos”-,
que hablaron sobre los enormes costos que representa la gigantesca e
ineficiente burocracia italiana.
Y es que en este país, como ya sucedió meses
atrás en Grecia, se preparan despidos en masa dentro del sector público. Una
medida que en realidad busca darle liquidez al Estado italiano para pagar los
servicios de su deuda, satisfaciendo de paso las exigencias del mercado en
términos de permitirle la entrada a sectores que anteriormente le estaba
vedados, o en los que se encontraba enormemente condicionado (salud, educación,
transporte, comunicaciones, industria, etcétera).
Tras la designación de Mario Monti y su
gobierno de técnicos, en Italia se vive una suspensión de la política. Se trata
de un gobierno de facto, en donde el mercado se ha quitado, aunque sea
momentáneamente, el estorbo de la simulación parlamentaria. Al respecto, el
estancamiento y la falta de perspectiva de los partidos políticos es tan sólo
un síntoma, el más visible. Sin embargo, la dimensión más grave de este momento
histórico tiene que ver con el tratamiento de la oposición y la futura
administración policíaca del descontento. No es casual que mientras se llevaba
a cabo la mencionada jornada de protestas del 27 de enero, la policía organizó
un operativo “quirúrgico” en el que se arrestaron a 25 opositores al tren de alta
velocidad en Val de Susa, al norte de Italia, acusados de oponerse
violentamente al ingreso de maquinaria a la zona en cuestión meses atrás.
En Italia y en Grecia es claro que el rey
está desnudo. La más mínima forma de democracia, la más absurda, cuestionable y
onerosa, la democracia representativa,
está suspendida. Arriba deben estar contentos, pues la Unión Europea parece
estar superando la molesta contradicción de la unión monetaria sin unidad
política, gracias al incipiente éxito de los gobiernos del mercado.
sábado, 17 de diciembre de 2011
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

